El cementerio del Castillo

En el recinto fortificado podemos observar los distintos rituales de enterramientos que responden a diferentes momentos de su historia. De esta forma se han producido alternancias en el interior y exterior de la iglesia parroquial, teniendo que recurrir incluso en algún momento por razones bélicas, a realizarlos en otros lugares como ermitas y sus inmediaciones.

En la época medieval y hasta que se construye la actual iglesia en el siglo XVI los enterramientos se realizan en el exterior, pues desde mediados del siglo XI se establece la obligación de dejar un espacio alrededor de las iglesias para este fin.

Cuando se construye la iglesia es en el interior donde se realizan los sepelios, aunque existe documentación que sigue haciendo referencia al cementerio exterior durante el siglo XVII.

Las inhumaciones pasaron al interior de la iglesia llegando incluso a la sacristía; para la iglesia era una forma de recaudar dinero para ejecutar otras obras. Sabemos que el suelo de la nave llegó a estar dividido hasta en 10 órdenes que abarcaba desde el altar mayor hasta debajo del coro.

A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX diferentes disposiciones legales prohibieron las inhumaciones en el interior de las iglesias, por los perjuicios sanitarios que suponían para la población. No obstante, no será hasta 1814 cuando probablemente se habilite la parte superior del castillo como cementerio, una vez que fue abandonado por las tropas, coincidiendo seguramente con la instalación de la puerta oeste donde leemos la inscripción “REYNANDO FERNANDO VII.ANO 1814”.

Con la generalización de las guerras carlistas, las tropas vuelven a ocupar el recinto amurallado, viéndose obligados a utilizar la ermita de San Juan. Durante un tiempo el cementerio se ubicó en los alrededores de la Basílica de los Remedios, aunque parece que entre 1868 y 1874 los vecinos de San Vicente eligen indistintamente como lugar de sepultura la Basílica o el “Cementerio del Castillo”.

En la actualidad el ejemplo más visible es la tumba de Cecilio Quintana Villanueva, abogado enterrado en el campo santo de la iglesia en 1867.

  The castle cemetery 

The fortified enclosure hosts different burials that correspond to different historical periods. The funerary spaces have alternated between the interior and the exterior of the parish church, and sometimes even to other places like the interior of shrines or their surroundings.
 
In medieval times, burials were made in the exterior of temples, following a rule from the 11th century that stated the obligation to leave a space around the churches for this purpose.
 
When the parish church of Santa María la Mayor was built in the 16th century, burials began to be held in its interior, although there is documentation that still refers to the exterior cemetery during the 17th century.
 
The inhumations mainly happened in the nave, which was divided into 10 ordinations that ran from the high altar to the choir, but they even extended to the sacristy. For the church, funerals were a way to earn money to fund other works.
 
At the end of the 18th century and the beginning of the 19th century, burials were forbidden inside the churches for health reasons. However, it will not be until 1814 when the upper zone of the castle was probably enabled as a cemetery, once this was abandoned by the troops that had fought during the Spanish War of Independence. This probably led to the opening of the enclosure’s west gate, where the inscription "REYNANDO FERNANDO VII. ANO 1814" (While Ferdinand VII was reigning. Year 1814) can be read.
 
With the beginning of the Carlist Wars, the Liberal troops reoccupied the walled enclosure, and thus the burial space temporarily moved to the surroundings of the Basilica de los Remedios, at the outskirts of the village. It was after 1865 when the villagers of San Vicente were allowed to bury again either inside the parish church (the ‘Basilica’) or in the castle cemetery. The most visible example of this phase is the tomb of a man called Cecilio Quintana Villanueva, a lawyer buried in the church's graveyard in 1867.
 
The use of the castle for burial ended in 1890, when the cemetery was moved outside the village.
 

puerta oeste con  la inscripción “REYNANDO FERNANDO VII.ANO 1814”.

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